Lo del hotel destino tiene más sentido que nunca con ellos, y es que estos invitan a no salir. ¿La razón? Desayunos que te hacen saltar de la cama, comidas que piden largas sobremesas y cenas románticas.

Bed and Breakfast. Así se llaman los alojamientos, generalmente con encanto, que ofrecen cama y desayuno. Ahora ya no sólo queremos desayunar en el hotel, sino que también queremos comer, cenar y hasta tomar el aperitivo. De ahí que, en los últimos tiempos, muchos hayan dado un fuerte empujón a sus cocinas, contratado grandes chefs o asesoramiento externo e, incluso, definiéndose como hoteles gastronómicos. ¿Has pensado escaparte un fin de semana y conocer alguno de ellos?

1. The Cook Book Gastro Boutique Hotel & SPA. Calpe, Alicante.

Hace ya algunos años que este hotel estaba abierto en la ciudad alicantina, pero los que fueron entonces seguramente no lo reconocerán si vuelven ahora: sigue teniendo las mismas vistas al Peñón y sigue estando al lado de la playa, pero no es el que fue. Son 17 habitaciones y dos restaurantes, lo que pone de manifiesto la importancia que se le da a la cocina, más allá de su nombre (que viene de los libros relacionados con la gastronomía que hay en cada habitación). No sólo sorprende la cantidad de restaurantes (si hacemos la media sale a uno por cada 17 personas), sino también la calidad y, más aún, la relación calidad-precio.

Con dos conceptos diferentes, tanto el Beat como Komfort, son una apuesta a caballo ganador. En el primero, Germán Carrizo y Carito Lourenço sirven, de manera más informal y desenfadada, divertidos platos para compartir presentados de forma contemporánea y vistosa (berenjena a la llama o el roll de atún picante), carnes a la brasa hechas sobre leña de naranjo, pizzas al horno de leña, con cervezas artesanas locales y postres imperdibles para golosos. La hora de la cena tiene un nombre: Beat, un restaurante gastronómico, más elegante, que funciona con menú degustación con sugerencias creativas con nombres sugerentes que encajan bien en el paladar (ostra sin ostra, patata al carbón con pulpo…).

2. Abadía Retuerta LeDomaine. Sardón de Duero, Valladolid.

Su gran atractivo es que se encuentra en un antiguo monasterio cisterciense recuperado. Sin embargo, el edificio medieval no es el único reclamo, porque este hotel es, además de alojamiento, una bodega donde se producen unos de los mejores vinos de España y un excelente restaurante con una estrella Michelin, el Refectorio, a cargo de Marc Segarra y con la figura de Luis Aduriz sobrevolando como asesor gastronómico. El espacio se ubica en el espectacular antiguo refectorio del edificio monástico que le da nombre, y en la carta, que cambia cada temporada, se dan cita platos a la altura con ingredientes de la zona como protagonistas (lechazo, embutidos, quesos o verduras recolectadas en el propio monasterio): dos menús gastronómicos que se sirven exclusivamente a la hora de la cena. Todo regado con los vinos de la tierra (que los abstemios podrán probar tópicamente en los tratamientos de su spa).

Imagen: http://www.ledomaine.es/es/ 

3. A quinta da Auga. Santiago de Compostela.

A pocos kilómetros del casco histórico de Santiago de Compostela, se encuentra este coqueto hotel boutique perteneciente al portfolio de Relais & Châteaux. Ubicado en un señorial edificio del siglo XVIII y rodeado de unos preciosos jardines bañados por un río, cuenta sólo con medio centenar de habitaciones, cada una de ellas personalizada con antigüedades y objetos únicos. No hay mejor manera de levantarse que con estas vistas, y este gran aliciente que supone hacerlo con su excepcional desayuno, un festival de bizcochos y bollos caseros, mermeladas hechas con frutas del propio jardín churros y quesos gallegos. Y es que, aquí, la gastronomía tiene mucha importancia. Por eso es Federico López Arcay quien está al timón de Filigrana, su reputado restaurante gastronómico. Él es quien, cada mañana, decide lo que se comerá en función de lo que hay en el mercado: todo con producto de kilómetro cero, lo que significa género gallego -carnes, mariscos y pescados salvajes- de primera categoría, en recetas gallegas clásicas, pero tratados con técnica y creatividad.  

 

4. Molino de Alcuneza Hotel SPA. Sigüenza, Guadalajara.

La de este hotel es una propuesta peculiar. Lo es porque no se trata de un destino obvio, sino más bien apartado de todos los circuitos turísticos tradicionales; lo es por su emplazamiento, en un molino harinero del siglo XIV con vistas al valle del Alto Henares, y lo es también por su oferta gastronómica, la que ha diseñado Samuel Moreno en su restaurante. Aqui se hace una cocina tradicional y de la tierra articulada en torno a los productos de temporada, pero tratada con técnicas modernas, las que aprendió durante sus stages en las cocinas de grandes cocineros como Sergi Arola o los hermanos Roca. Cuida hasta el mínimo detalle, incluidos sus panes elaborados en casa con harinas ecológicas. También es un privilegio despertar. Sin alarma y sabiendo que espera un desayuno como éste, donde no falta la repostería fina (croissants de mantequilla, hojaldres, financiers y bizcochos), ni los yogures, quesos y embutidos de la zona, además de smoothies de fruta.

Imagen: http://www.molinodealcuneza.com/

5. Marqués de Riscal. Elciego, Álava.

Su imagen espacial y vanguardista, diseñada por el arquitecto Norman Foster, lo ha hecho famoso. Pero no sólo el edificio de formas sinuosas es lo que impresiona en este hotel en Rioja alavesa. Lo hacen también sus vistas, su servicio, sus celebérrimos vinos y, por supuesto, su cocina. Francis Paniego está detrás del restaurante 1860 Tradición, diseñando la carta, que ha sido galardonado con una estrella Michelin. Para maridar, aparte de los vinos propios, la bodega cuenta con más de 200 referencias internacionales para acompañar tanto a los menús (de 12 o de 18 pasos) como a la carta. Todavía se puede dar un paso más: reservar la llamada mesa del chef, donde disfrutar de la cocina en vivo en el jardín de hierbas aromáticas. Además dispone de un Wine Bar y de un lounge biblioteca.